Reseña: Indika, un juego experimental e inquietante

A la iglesia católica no le gustaría este juego

Indika es una experiencia narrativa perturbadora que mezcla terror psicológico, crítica religiosa y existencialismo, todo envuelto en una atmósfera incómoda que se queda contigo mucho después de terminarlo.

Les juro que estuve a punto de abandonarlo porque uno de sus primeros momentos me pareció lento y confuso. Pero una vez pasando eso, no pude soltar el control. 

Todo comienza dentro de un convento donde Indika es rechazada y humillada constantemente por las demás monjas. Su torpeza y su forma de pensar la convierten en alguien incapaz de encajar dentro de la estricta vida religiosa. Pero conforme avanzas, entiendes que el juego no busca hablar únicamente de religión, a lo largo del juego una voz demoniaca estará hablándole a Indika al oído, con el propósito de confundirla y hacerla dudar de su fe.

Lo más devastador es la manera en la que el juego lleva a Indika hasta lo más profundo de su existencia. A lo largo de la historia es manipulada y emocionalmente destruida por las personas y las instituciones que supuestamente debían protegerla. Poco a poco su visión del mundo comienza a romperse mientras el juego te obliga a cuestionar si realmente existe una recompensa por ser “bueno”.

Nuestra protagonista tiene un pasado oscuro que la atormenta y la orilla a entrar al convento en primer lugar. Por lo que la culpa, el abuso, el sufrimiento y la necesidad humana de encontrar un propósito sigue latente incluso cuando todo parece vacío.

Una de las mecánicas del juego gira alrededor de eso. Durante toda la aventura acumulas puntos de fe por realizar buenas acciones, rezar o seguir las normas religiosas… pero al final descubres que no sirven absolutamente para nada. Todo ese esfuerzo espiritual termina siendo inútil, convirtiéndose en uno de los mensajes más fuertes y devastadores de toda la experiencia.

El diseño sonoro también juega un papel enorme. Los susurros constantes de la voz demoníaca, los silencios incómodos y la música melancólica y absurda ayudan a crear una sensación de soledad que hace que la experiencia se sienta todavía más pesada. La mayor parte del juego se juega en tercera persona con gráficos realistas, pero cuando la narrativa recuerda el pasado de Indika, el juego se convierte en un platformer en pixel art. El cambio sonoro y gráfico me parece experimental y muy muy fascinante.

El estudio logra crear una experiencia única que utiliza la religión no como simple estética de horror, sino como una herramienta para hablar sobre trauma, culpa y la búsqueda de significado en un mundo cruel. El resultado es uno de los juegos narrativos más incómodos, extraños y memorables de los últimos años.

Cabe mencionar que el estudio ruso llevaba apenas un año desarrollando Indika, un juego ambientado en una versión alterna de la Rusia del siglo 19, cuando el gobierno ruso lanzó el devastador ataque contra Ucrania. Miles de personas huyeron del país, incluyendo gran parte de los desarrolladores del estudio, quienes se oponían a la guerra. Todo ese contexto terminó influyendo profundamente en el tono oscuro, melancólico y existencial que transmite el juego.

Cuéntame ¿ya jugaste Indika? 





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